Historias apasionantes Episodio 8: Decidido a pilotar

Por Rushka De Rycke

dic. 21 2018

Ahora en Historias apasionantes, conoceremos la historia de Emiliano Malagoli y vemos cómo su accidente de moto cambió el curso de su vida para siempre y para mejor. Veremos cómo su organización, Di.Di., ayuda a los pilotos con discapacidad a disfrutar de la emoción de las carreras y educa a los niños sobre la seguridad vial y la de los neumáticos.

Transcripción

Lo primero que le pregunté al médico (no sé por qué fue, quizá porque estoy loco) fue: “Doctor, ¿cree que alguna vez podré volver a montar en moto?”. El día de mi accidente fue un día normal, como cualquier otro. Fui a trabajar por la mañana. Por aquel entonces trabajaba como conductor de un autobús turístico. Así, al acabar mi jornada me monté en la moto, me puse el casco y la chaqueta y, de regreso a casa para cambiarme de ropa, perdí el control de la máquina y me caí.

Cuando recuperé el conocimiento, tenía el pecho tocando el suelo: estaba boca abajo y no podía sentir dolor alguno, pero tampoco podía mover nada de cintura para abajo. Estuve allí 30 o 40 minutos antes de que alguien viniera a socorrerme. Afortunadamente, como había atasco de coches, el que se quedó parado cerca de mí notó la luz de mi móvil que sobresalía desde los arbustos. Empezaron a gritar y las primeras personas en llegar fueron mi exmujer y mi hija, Serena. Lo más horrible es que a 20 o 30 metros de mí, encontró mi pierna en la carretera. Mi accidente fue el 30 de julio de 2011 y hasta diciembre de 2011 no me dieron de alta del hospital.

Sin embargo, todavía no tenía mi prótesis y tendría que someterme a cirugías adicionales. Fui a casa y en seguida me puse en contacto con el ortopeda que me haría mi nueva pierna. Me llevé la moto a la cita y le pedí al técnico que me hiciera una prótesis con la que pudiera seguir en marcha. Me subía a la moto, me ponía en posición y el ortopeda tomaba todas las medidas para fabricar una pierna nueva con la que montar bien. El objetivo después de poder volver a conducir era empezar a competir, algo que logré exactamente 400 días después del accidente. Competí con personas sin discapacidad y a partir de entonces, se abrió un nuevo mundo ante mí. Me di cuenta de que lo que yo hice es factible.

En aquella época no había nada en Italia ni en Europa que permitiera a las personas con discapacidad volver a la moto: no había organizaciones que se ocuparan de esto. Así que pensé: si yo pude, ¿por qué no dar la oportunidad a otras personas de sentir lo mismo que yo cuando volví a la moto? Así, ahora tengo mi escuela, organizo carreras para personas con discapacidad y les doy la oportunidad de que se saquen el permiso de conducir para ir por carretera. Seguiré compitiendo durante un tiempo, pero mi objetivo es dar esta oportunidad a cada vez más gente a un coste mínimo porque, por desgracia, se trata de un deporte muy caro, y más aún para personas con discapacidad. Damos la oportunidad a más personas a un precio muy reducido.

Lo más importante de todo es transmitir valores importantes a los niños. Así, doy charlas en escuelas, educo a los niños sobre los peligros de la carretera y la seguridad de los neumáticos, y les advierto de las consecuencias de todo ello. Les decimos que presten siempre atención, que tengan buenos hábitos y que lleven un estilo de vida saludable.

Me gustaría intentar conseguir un primer puesto en Magny-Cours e incluso ganar el campeonato: para mí sería un gran sueño y un pequeño regalo. Siempre pienso en los demás, pero esto es para mí, por lo que estoy me entrenando mucho. Mentalmente, trato de pensar como un motociclista profesional, entrenar como uno, y comer y pensar y beber como uno. Antes de mi accidente, me perdía en las cosas materiales y normalmente no me preocupaban mucho los demás. Era demasiado egocéntrico, pero ahora soy lo opuesto. Ahora pienso más en los demás que en mí mismo. Prefiero el Emiliano actual, sin pierna. Estoy muy satisfecho con mi vida, conmigo mismo y con lo que hago. Antes no era feliz.